domingo, 12 de marzo de 2017

El desastre que puede traer la oscura estrategia de Turquía para acabar con los kurdos en Siria

Este artículo se ha publicado en Información Sensible
Con el objetivo principal de evitar la formación de una zona de dominio kurdo en la frontera norte de Siria, Turquía lanzó la operación 'Escudo del Éufrates' respaldando a una coalición de fuerzas árabes y turcomanas de Siria. De cientos, los efectivos turcos desplegados en el norte de Siria pasaron a ser miles a principios de año, a medida que la intervención militar avanzó y el Gobierno turco tuvo que enviar refuerzos.


El pasado febrero, Erdogan anunció que, después de Al Bab, su próximo objetivo en el norte de Siria era Raqqa, y Manbij como territorio necesario para llegar allí.

Si hace unos meses hablábamos de que el acuerdo entre Irán, Turquía y Rusia para pacificar Siria  ponía a prueba los intereses y compromisos adquiridos por Ankara, la rendición de cuentas se presenta ahora con Turquía continuando su lucha contra los kurdos comunistas y procurando acercarse a Estados Unidos, con quien sí comparte el interés de derrocar a Bashar al Assad y facilitar un gobierno suní, que además sea aprobado por los reinos amigos del Golfo.

Las relaciones entre los gobiernos de Turquía y Estados Unidos se tensaron tras el fallido golpe de Estado el pasado 15 de julio en Ankara. La negativa de la administración Obama a ceder a la extradición del clérigo Fetullah Gülen, a quien el presidente turco acusa de organizar el intento golpista, provocaron el distanciamiento entre ambos Estados.

Semanas antes del fallido golpe, los presidentes ruso y turco se tendían la mano, después de que el significativo aumento de la presencia militar rusa en Siria en septiembre de 2015 preocupara a Occidente y también a Turquía, y de que un mes después se produjera el derribo del caza ruso por parte del Ejército turco en la frontera turco-siria, con las consecuentes sanciones de Rusia.

Compromisos con Rusia, rotos y por cumplir
Turquía se comprometió con Rusia a no cruzar la ciudad siria de Al Bab, pero ha seguido apoyando allí al opositor Ejército Libre Sirio (FSA por sus siglas en inglés) y sigue adelante con el objetivo de tomar Raqqa, algo que ya en octubre anunció que haría, aunque posteriormente lo desmintiera diciendo que no pasaría de Al Bab para tranquilizar la relación con Rusia.

A mediados de febrero, Erdogan se comprometió a retirar sus fuerzas de Siria una vez el DAESH esté militarmente derrotado. Con la ofensiva que está por llegar en Raqqa, se verá si cumple o no esta última promesa.

Según el analista de International Crisis Group Noah Bonsey, en la ejecución de la operación ‘Escudo del Éufrates’ ha jugado un papel esencial la influencia de Rusia, siendo la intervención turca un punto importante en las negociaciones entre ambos Estados para solucionar sus tensiones bilaterales. 

A pesar de guiar las negociaciones en Astana junto a Rusia e Irán, el pasado febrero Erdogan dio declaraciones en Bahrein criticando el “nacionalismo persa que lleva a las tendencias separatistas”.

Respecto al Gobierno sirio, según declaró el viceprimer ministro turco, Mehmet Simsek, en el Foro Económico Mundial de Davos celebrado el pasado enero, el Gobierno turco está procurando ser “pragmático, realista”, y por eso acepta que la solución al conflicto sirio pase por mantener a Assad en el poder, pero no esconde su conveniencia de que el actual Gobierno sirio sea sustituido por uno islamista.

Persiguiendo sus propios objetivos en el norte de Siria, Turquía ha intentado tender lazos con el Gobierno de Trump. Pero los intereses enfrentados ponen el foco de atención sobre el apoyo estadounidense a ciertos grupos kurdos, y de momento la estrategia de EE.UU. en la zona no ha cambiado.

Turquía criticó con dureza a EE.UU. por apoyar a las fuerzas kurdas de las Unidades de Protección Popular (YPG por sus siglas en kurdo), y a su vez la presencia turca complicó el plan estadounidense de utilizar fuerzas kurdas para lanzar una gran operación contra el DAESH en Raqqa.

Trump no ha retirado el apoyo a las milicias kurdas, y tampoco ha dicho que vaya a luchar con Rusia para acabar con el DAESH. El pasado febrero, en la sede de la OTAN En Bruselas, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, dijo sobre cooperar con Rusia en Siria: "No estamos en condiciones de colaborar a nivel militar, pero nuestros líderes políticos se comprometerán y tratarán de encontrar un terreno común”. 

Raqqa: fuerzas kurdas y sus bandos
En Raqqa convergen los objetivos de las tropas turcas y sus aliados de las milicias opositoras sirias y kurdas sunís; de Estados Unidos y las fuerzas kurdas a las que apoya -una parte de ellas enfrentadas a Turquía-, y de las fuerzas del Gobierno sirio que quieren impedir la invasión turca.

Aunque Turquía combate duramente a los kurdos considerados aliados del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), apoya a grupos kurdos sunís que combaten junto a milicias islamistas, como el grupo Jaysh Al-Thuwar, una coalición de fuerzas opositoras que combaten bajo el paraguas de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF por sus siglas en inglés). En el apoyo a esta sección kurda y a los grupos opositores armados es donde coinciden Turquía y EE.UU.

Además, para llevar a cabo sus operaciones en Siria, EE.UU. utiliza la base aérea turca de Incirlik. Pero Turquía mantiene su rechazo a cooperar con los kurdos a los que llama terroristas.


En Raqqa, las SDF combaten guiadas por las YPG, que cuentan con gran apoyo estadounidense. Junto a estas fuerzas kurdas y el apoyo aéreo americano, las SDF entraron en Manbij el pasado agosto.

Las YPG son consideradas terroristas por Turquía, que las asocia con el PKK. No obstante, para EE.UU. las YPG son su mejor aliado contra el DAESH. La Gran Potencia respalda tanto a los kurdos comunistas enemigos de Turquía como a kurdos sunís, que son a su vez apoyados por las fuerzas turcas, y a grupos rebeldes integrados en el opositor FSA.

Estados Unidos aumenta sus efectivos en torno a Raqqa
El coronel estadounidense John Dorrian, portavoz de la operación ‘Inherent Resolve’ (planteada como estrategia para combatir al DAESH en Iraq y ampliada a Siria en septiembre de 2014), dijo el pasado fin de semana que el despliegue de fuerzas americanas en Manbij, a tan solo 25 kilómetros del territorio turco, es una "acción deliberada", para "mantener la atención en derrotar al DAESH" y “para asegurar que no hay presencia del YPG persistente".

La operación estadounidense que se centra en liberar Raqqa del DAESH mediante el apoyo a los grupos kurdos se bautizó el pasado noviembre como operación 'Euphrates Rage', y está integrada por 30.000 efectivos de las SDF respaldados por la fuerza aérea estadounidense. Esta semana, el teniente general Stephen Townsend, que comanda la operación 'Inherent Resolve', ha sido autorizado para enviar a Raqqa, como refuerzo, a un grupo de Marines que estaban desplegados en Kuwait. Estos soldados y los obuses M777 que llevan con ellos se suman a las fuerzas que el pasado fin de semana llegaron para reforzar la vigilancia sobre Manbij.

Siria y Rusia apoyando la resistencia de las milicias kurdas contra la ocupación turca
A finales de febrero, el Ejército sirio avanzó en el este de Al Bab, expulsando al DAESH y tomando una franja del disputado  territorio. Eso dificultaba el avance de fuerzas turcas hacia Manbij, para impedirlo están el Gobierno sirio y sus aliados.

Rusia intenta evitar que las tropas turcas tomen posiciones para atacar a las YPG. Hace una semana, las SDF llegaron a un acuerdo con Rusia para permitir a las tropas de Assad tomar el control de gran parte del territorio kurdo al oeste de Manbij.

El Consejo Militar de Manbij, parte de las SDF, anunció el pasado jueves que cede a las fuerzas gubernamentales el control del territorio comprendido entre Al Bab y Manbij que ya ha sido liberado del DAESH. Detrás de esta decisión está el objetivo de frenar al enemigo común que es Turquía.

Al anunciar que cederían al Ejército Árabe Sirio (SAA por sus siglas en inglés) las aldeas liberadas comprendidas entre Al Bab y Manbij, el Consejo Militar de la ciudad dijo estar siendo atacado por "rebeldes" apoyados por Turquía, algo que negó el ministro turco de Exteriores, Mevlut Cavusoglu.

En su proyecto de Constitución para Siria presentado en Astana, Rusia propone para el caso de los kurdos una autonomía estrictamente cultural, estableciendo que “cualquier cambio de las fronteras del Estado sirio solo puede permitirse a través de un referéndum en el que participen todos los ciudadanos”.

En este escenario en el que grandes potencias mueven los hilos de milicias kurdas, existe además el peligro de que los distintos grupos kurdos se enfrenten entre sí, advierte la analista internacional especializada en yihadismo Conchetta Dellavernia. Si eso ocurre, el DAESH, todavía con fuerte presencia en Raqqa y preparando sus defensas como en su día lo hizo en Mosul, podría encontrar ventaja para atacar a ambas fuerzas y a sus respaldos mientras se enfrentan entre sí.

En las negociaciones celebradas en Astana y Ginebra para encontrar una solución política al conflicto, los kurdos son los únicos excluidos. A finales de enero, las SDF publicaban una declaración denunciando haber sido "excluidos y empujados lejos de todos los congresos que se celebraron hasta ahora en aras de la solución de crisis siria", dice el comunicado. Hasta el momento siguen excluidos, según afirmó hace unas semanas la copresidenta del Partido de Unión Democrática (PYD), Asya Abdulá, por el papel de Turquía en las negociaciones.

Sobre el encuentro de fuerzas con distintos intereses en el norte de Siria, Dellavernia concluye que “el problema de Siria es complejo porque como vaya a más, está claro que Irán va a intervenir, y de ser así el conflicto va a ser importante, porque en el momento que hay un conflicto tan directo, entre potencias, está claro que lo que hay aquí en Europa (los yihadistas) va a empezar a poner bombas sin parar. Entre otras cosas para que la gente se atemorice y los gobiernos se vean obligados a acudir en auxilio en Oriente de los 'moderados'”, explica la experta refiriéndose a las técnicas de los grupos yihadistas para presionar a los gobiernos y obtener financiación.


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